Sueño en París
(De cómo nació Viscious Creative)
Corría el año 2000, yo emprendía mi sueño de viajar a Europa, quería conocer Champs Elysse, la torre Eiffel, el Big Ben, la torre inclinada en Italia, y otros tantos lugares, la primera ciudad que visite fue Londres, hermosa, fría y lluviosa, me hacía recordar a mi bella Bogotá, sin los mismos problemas, pero era similar; un paseo por el Tower Bridge y después un buen café de Colombia.
Había recibido mi título de comunicador social un par de años antes, trabajaba en ese tiempo en Medellín, en una agencia de publicidad bogotana – cosa rara, cachacos triunfando en la cuna del regateo y el desvare – la experiencia fue enriquecedora, en la academia siempre me incline por la parte de mercadeo, publicidad y organización, más en la última, por esas vueltas que da la vida y por una coincidencia que termine adorando, me enviaron a Europa en un viaje de negocios, yo acompañaba a mi jefe, uno de los altos ejecutivos de la compañía, una persona seria, introvertida pero que me dió la oportunidad de disfrutar y a la vez que trabaja a su lado.
Cuando llegamos a Francia, en el aeropuerto Charles De Gaulle de París, me pareció ver una cara familiar, mientras esperaba que mis maletas salieran de la banda transportadora, aún conservaba las gafas que le recetaron, si no estoy mal a los 18 años, tez blanca, cabello largo pero ahora más estilizado y elegante de cómo lo recordaba la última vez que lo vi compartiendo una charla en un café de la macarena, era mi parcero de malas experiencias – como decía de joven- , lo recuerdo así por que estuvo apoyándome cuando alguna chica me rompía el corazón o en su defecto yo a ella, pasado amoroso que ahora no vale la pena recordar, Alejandro Silva , comunicador social, colega y amigo, seguía con la sonrisa de siempre y era inevitable que pasara desapercibido por su carisma, me le acerqué tranquilo, hasta que me vio y de un brinco ya lo tenía abrazándome tan empalagosamente que no tuve más remedio que aguantarlo y saludarlo.
No hubo tiempo para mucho más, nuestras obligaciones requerían que saliéramos pronto del aeropuerto, pero el “mechudo” como solía decirle me sugirió encontrarnos unos días después y prometió que traería una sorpresa bastante agradable con el – listo Sebas, espere y verá lo que traeré – dijo caminando en dirección opuesta a donde yo iba.
Acordamos encontrarnos justo debajo de la Torre Eiffel – es increíble el poder energético que tienen 325 metros de hierro – eran las 8 p.m. aún no anochecía, era raro por que no estaba acostumbrado a esto por que no lo había experimentado antes, obviamente, además me sentía algo incómodo por que en Bogotá siempre guste de salir en la noche, tiene cierto encanto mágico que embruja; Alejandro caminaba junto a lo que yo presumí era su novia y también había otro hombre que no logre reconocer de lejos, era calvo y aparentaba ser muy duro.
Aún no lograba encontrar la sorpresa de la que había hablado Alejandro, sin embargo, cuando los tres individuos se acercaban, a unos 10 metros de mi posición, en la cabeza del hombre calvo, brillaron pequeños cabellos rojos, inmediatamente vislumbre que aquel hombre era el noble, firme, y horrendamente inteligente, de Brayan Pinilla logró concluir sus estudios de comunicador social de la Universidad Cooperativa de Colombia, de la cual Alejo y yo también nos graduamos en el mismo grupo; teniéndolos a ambos en frente, toda mi vida universitaria me sobrecogió de tal manera que, tibias bajaron por mis mejillas un par de lágrimas.
La velada fue excelente, los recuerdos afloraron, los chistes flojos de Alejandro no faltaron, y los comentarios sobre chicas de Brayan mucho menos, yo me límite a reír y escuchar; la novia de Alejandro, era artista, - nunca imaginé que él terminara con una chica de este tipo, tal vez ni el mismo lo imaginó – en un momento de la conversación surgió el tema del por que nuestros rumbos se cruzaron en la bella París, yo mencione, que era un viaje de negocios por Europa pero que a la vez aprovechaba para conocer lo que más pudiera; el pelirrojo – así le deciamos de cariño a Brayan- en cambio, estaba de intercambio, una beca lo atropelló de felicidad al terminar su especialización en periodismo, así terminó acá y Alejandro acompañaba a su novia en una exposición que ella tenia en la galería de Louvre, al mismo tiempo, el adelantaba trámites para conseguir la residencia francesa.
Surgió el tema de nuestras mejores habilidades en la U , yo escribía muy bien – aún lo hago, o eso creo – y era muy creativo, Alejo, utilizaba su actitud y buen discurso, como herramienta eficaz, además de ser alguien bastante crítico, Brayan por su parte, era la mata del esfuerzo y el buen trabajo, no era nada perezoso, a diferencia de Alejo y yo, - y bueno también tengo que mencionar su gran inteligencia, aunque me da envidia y no de la buena, eso no existe –.
Dentro de todo recordamos, un proyecto empresarial que nos encomendaron en una de nuestras clases, pasaron unos minutos mientras tomábamos unas copas y debatíamos el tema, - sería interesante crear nuestra empresa- dije en tono burlesco, Alejo, frenó en seco – no es nada traído de los cabellos, somos jóvenes y profesionales, ¿por qué realmente no lo hacemos?- añadió, -entonces hagámoslo- finalizó Brayan; quedó planeado que cuando yo regresase a Colombia empezaría los trámites en la cámara de comercio, lo que no tenía claro era de que iba a hacer nuestra empresa.
Decidí sorprenderlos; inscribí la razón social, con un nombre algo pintoresco, el 20 de Agosto del año 2000, - curiosamente, el día de mis cumpleaños - aproximadamente un mes después del encuentro parisino, Brayan y Alejandro, pudieron venir a Bogotá. Cuando llegaron se encontraron con algo escrito en un papel de agenda, “Viscious Creative” se leía en un rojo fuerte de crayón – no tenía un bolígrafo a la mano y agarre lo primero que encontré – Brayan lo contempló por un momento, mientras Alejo decía muy a su estilo - ¿Qué es esa vaina?- le dije que era el nombre de nuestra empresa, y que nuestro campo de acción sería el de la imagen corporativa, yo conocía del medio al trabajar en publicidad y mercadeo, y sabía que era un negocio rentable, además, con las capacidades que cada uno tiene – por que aún las conservamos – iba a ser un proyecto fructífero; no les pareció al principio pero cedieron ante mi insistencia, ellos sabían de que se trataba el negocio pero no estaban convencidos.
Brayan me interrogó, acerca del por qué del nombre, argumente que en inglés, viscious era vicio y creative creativo, por lo tanto mi intención era la de dar entender que al ser una empresa de imagen corporativa la creatividad es uno de los pilares fundamentales, que nuestro vicio era precisamente ese, crear; Brayan se mostró convencido, Alejo se sobresalto – como siempre lo hace cuando algo realmente lo emociona – y aprobó la idea.
Sin embargo, no todo fue color de rosa - como dice mi mamá –, la competencia era caníbalésca, sino te hacías fuerte en el mercado te comían vivo, pero gracias a nuestro completo compromiso, el apoyo de algunos colegas y otros profesionales del medio que se unieron a nosotros, el proyecto no solo no quedó en una tumba, sino que ahora Viscious Creative es una de las empresas con mayor posicionamiento en el bazar de la imagen corporativa, reconocida por el trabajo innovador, responsable y comprometido, en Colombia, donde están nuestro “cuarteles generales” como yo los llamo, contamos con sucursales en Medellín, Cali, Cartagena, Barranquilla y Bucaramanga, y a nivel internacional, con nuestras oficinas en Caracas, Buenos Aires, Porto Alegre, Madrid, Londres, y por supuesto, París donde justamente, estoy dándole punto final a esta historia.
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