CRÓNICAS
Vidas
Para muchos madrugar a las
cuatro de la mañana es una tarea comprometedora, es un término asimilado al sacrificio, rutina,
y labores que solo las madres pueden hacer, este es el caso de Araminta Buitrago, una mujer de
65 años, cepa bogotana, madre soltera de tres hijos y abuela de 8 nietos, mujer con
una energía que ni los años han podido quitarle.
Araminta comenzó hace 35
años vendiendo obleas a la intemperie en el parque Nacional, negocio que la
sostenía pero no era tan fructífero como se podía esperar, así que pensó en
algo más rentable y grande, una frutería.
A las 5:30 a.m sale de su
casa para cumplir sagradamente con su
oficio, llega cuando apenas el cielo esta despejando y se dispone a picar la
fruta para comenzar a recibir a sus clientes.
Sus ventas dependen de la
calidad del clima, si el cielo esta gris ya es señal de que no será productivo,
por el contario el sol sacia la sed de algunos compradores como Don
Gonzalo y el Dr García que la visitan
hace más de 20 años.
Aparte de sus dos empleadas, Dora Valencia y Viviana Mayorga
quienes han estado allí durante seis años, esta mujer ha estado acompañada por un eucalipto que ella
misma sembró hace dos décadas, casi que el árbol mas grande de todo el parque.
Esta mujer es consciente de
los cambios que ha sufrido el lugar y se le ve preocupada cuando habla del
deterioro, la tala de los pinos, la inseguridad que afronta este patrimonio
histórico, el tener como vecino a lo que llaman el “Cerro gay”, un lugar que
hace años incita el continuo peligro a jóvenes que no conocen muy bien esta
zona, la no fumigación al caño que queda muy cerca a su puesto, esto produce la aparición de roedores; son
factores que causan perdidas, “hace tres años esto si era bueno”.
En cada plato de ensalada
ella agrega ese toque mágico que cualquier
abuela podría añadir: el cariño, el amor y la buena energía, claro que a veces
también tiene sus afanes y sus descontentos cuando la gente quiere ponerle
precio a su trabajo.
Recuerda también a unos personajes
que siempre merodean el sector, ella los conoce muy bien, “Tiro Fijo” y el
“mudo”, dos habitantes de la calle que son clientes pero que a comparación del
resto no pagan un solo peso, cobran algo así como una cómoda cuota mensual o
quincenal.
En las tardes ya tiene un
poco mas de tiempo, es allí donde se prepara para almorzar y en ocasiones
hablar con aquellos que de vez en cuando van a visitarla.
Hacía las seis de la tarde,
cuando ya poca luz se ve, Araminta va a casa y luego de más de una hora de
trayecto se dispone a dedicarle tiempo a su mayor tesoro… su nieta, quien la ha
acompañado durante ocho años de vida.
La familia es grande y debe
también sacar espacio para su loro, sus dos pericos, cuatro canarios y su
peludo gato.
“Mi vida es el parque”, y
como no, si alrededor de este es que ha logrado ser tan conocida, tan respetada
y tan admirada por mucha gente que como yo quedó impresionado de ver como esta
mujer produce mas ensaladas y mas felicidad que cualquier maquina que se pueda
inventar.
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